México a través de la historia se ha
caracterizado por ser uno de los países que cuenta con mayor biodiversidad en
el mundo, a diferencia de muchos otros los cuales no generan ni su propia
materia prima. Pero esta misma cuestión no es una
“bendición” como tal, ya que debido a la historia del país, ha sido objeto de
innumerables saqueos, ya sean tanto cultural como en el ámbito de las materias
primas, a todo esto debemos de sumar a la ecuación, la inexistente cultura
ecológica en el país, arrastrado todo esto por el bajo promedio cultural del
mismo.
En México, desde la antigüedad se consideró
a la naturaleza como un dios, o como un ser más en el entorno de los pobladores
digno de respeto, pero a mi parecer, la debacle de esta manera de
pensar se da cuando la cultura occidental coloniza a esta parte del mundo, se
transforma la manera de pensar gradualmente.
Al país este tipo de maneras de concebir a
la naturaleza como tal le ha venido muy mal, ya que con el paso del tiempo se
ha visto como poco a poco la naturaleza pide a gritos el cambio de concepción
de ella.
Ejemplos claros y tangibles hay infinidad, entre los cuales podemos
mencionar, las sequias interminables en el bajío del país, provocadas por la
práctica de la tumba y quema, enfocada al terreno agrícola, las mismas sequias
pero ahora en el norte del país, dejando
del lado sus características físicas, enfocándonos en la tala para crear
espacios para pastoreos, o el exceso caso de lluvias en sur, debido a la
pérdida del balance del estado meteorológico en país.
Estos casos y muchos más son los que alimentan
un paisaje muy desolador si no se atienden las necesidades ecológicas del país,
todo esto acompañado de un cambio de cultura ecológica en el pensamiento del
poblador mexicano.
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